Para que las generaciones futuras no tengan que pasarse horas interrogando un texto, y así sean más estúpidas (o tengan más tiempo para dormir)

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11/8/10

El (desmontaje del) “Yo” en la postmodernidad: una lectura sobre Synecdoche, New York

El (desmontaje del) "Yo" en la postmodernidad

[Publicado en la revista Gato Blanco N°1 Agosto de 2010]

Que el "yo" no es algo fijo, ni único, ni cerrado, ni mucho menos identificable con alguna esencia recóndita que caracteriza al hombre, es una idea que tuvo circulación en el siglo XX, sobre todo en la segunda mitad, y que parece ser moneda de cambio corriente, al menos en algunos ámbitos, en estos primeros años del siglo XXI. No sólo está detrás de esta afirmación el psicoanálisis con sus grandes figuras (Freud, por aparición cronológica, a la cabeza[1]); contribuyen también Nietzsche, el existencialismo, Foucault y una larga lista de pensadores postmodernos. Synecdoche, New York, película dirigida por Charlie Kaufman, retoma este tema, que había sido previamente tratado en las películas Being John Malkovich y Adaptation, guionadas por el mismo escritor y director norteamericano, y lo lleva a sus posibles extremos a partir de un juego de dobles e indicios múltiples que convierten a la figura del protagonista, Caden Cotard, en un algo variable, impreciso y poco delimitado que fluctúa y se disemina en su intento de demarcarse, encontrar su identidad y alcanzar, literalmente, su "verdadero ser", ese imposible.


El camino de derrumbamiento del "yo", en Synecdoche, New York, se expone principalmente a partir de la experiencia teatral, que paradójicamente, es iniciada por el protagonista, Caden Cotard, como un medio de buscar su verdadero ser y exponer la vida con honestidad "brutal"[2]. Tras una existencia marcada por los miedos a la muerte y a la decepción, somatizados en desarreglos a nivel orgánico que comprometían especialmente las funciones vinculadas con lo sensible, y expresados además en el abandono consentido tras fracasos amorosos, Caden Cotard reduplica su vida con el fin de conocerse principalmente a partir de dos personajes: Sammy, que carece de apellido y muere antes de terminar la película, y Millicent Weems, que pasa de ser un personaje menor a desplazar a Cotard en sus funciones.
Sammy aparece en la película en una función activa y principal, como doppelgänger o doble de Caden Cotard, cuando este último ya lleva diecisiete años de trabajo en un proyecto sin nombre ni dirección específica. Durante las audiencias para encontrar a quien se ocupará de representarlo en la obra que pretende ser mímesis exacta de su vida, Cotard llega ante Sammy, que sin currículum ni foto, dice haber seguido al protagonista durante veinte años, y conocer de Caden incluso lo que él mismo desconoce. Esta es la primera vez que Caden se encuentra con Sammy, pero no es, dentro de la película, la primera vez que Sammy aparece. Ya anteriormente, el mismo personaje, con la misma edad (Sammy no envejece a lo largo de Synecdoche, New York, a diferencia de lo que ocurre con Caden, Hazel y Olive), se había presentado ante el espectador: en el momento pretérito en que Caden Cotard revisó el correo al principio de la película, y en el momento íntimo de su reconciliación con su segunda esposa, Claire.
Tal como prometió en el momento de su encuentro con Caden, Sammy demuestra tener un conocimiento exhaustivo de temas íntimos de Cotard, incluso de aquellos que no podría conocer ni aún con una observación obsesiva y precisa a lo largo de los años. Podría pensarse, a raíz de esto y de su extraña presencia en el momento de la reconciliación entre Caden y Claire, que esto se debe a que Sammy no es, en la película, más que un desdoblamiento realizado inconscientemente por Caden Cotard: es real, dentro de la realidad construida por el protagonista (lo mismo que son reales, dentro de esa realidad, la casa eternamente incendiada de Hazel, o la aparición de Caden en dibujos animados televisivos o en propagandas callejeras), pero existe sólo en tanto Caden necesita de su existencia. Su aparición es tan oportuna y útil como la del premio MacArthur: Sammy, aquel que, con su seguimiento y observación, da importancia y sentido a veinte años de la vida de Caden Cotard, es quien que le otorga la posibilidad de recuperar, aunque sea indirectamente, a Adele y a Olive, su primera familia, y es, además, el que logra canalizar los deseos de Caden de aproximarse a Hazel, quien fuera su amante. Sammy es, en definitiva, quien logra dar a Caden cierto sentido o direccionalidad, a partir de la construcción de un aspecto que en Cotard figuraba de manera potencial, no materializada.
El primer objetivo, la recuperación indirecta de su familia, se cumple cuando Sammy le facilita al director la información sobre el departamento de Adele, con la excusa de que quiere "investigar sobre el papel" y ver cómo Caden "se pierde aún más"[3]. Por otra parte, Caden logra de manera no consciente el segundo objetivo, el acercamiento a Hazel, porque su doppelgänger se transforma en la herramienta mediante la cual termina de distanciarse de su segunda esposa, Claire, que durante la película se presenta como un remedo insuficiente ante el abandono, una copia de lo perdido[4], y porque, además, Sammy conquista a Hazel (subvirtiendo las jerarquías existentes entre el ámbito "real" y el "ficcional"), impulsa a Caden a canalizar sus deseos mediante una primera aproximación a Hazel en el ámbito de la ficción (Caden interactúa con Tammy, quien actúa de Hazel en la obra teatral), y al fin, es el motivo por el cual Caden y Hazel finalmente dialogan y resuelven sus conflictos amorosos. Cuando esto pasa, Sammy desaparece de la obra teatral: se suicida, y este suicidio, que contradice la realidad que Caden Cotard pretende representar en su obra mimética, también resulta, de alguna manera, oportuno: Sammy, personaje presuntamente ficcional, ya no tenía algo que ofrecer a Caden, sino que se había construido independientemente, como una ficción que cobra peso, deja de ser copia, y se materializa, finalmente libre de su sujeción al modelo, y cuestionando la legitimidad de ese modelo que le dio origen, la supuesta subordinación y dependencia del mismo.
Millicent Weels es la otra figura que reduplica a Caden Cotard que tiene importancia dentro de Synecdoche, New York. A diferencia de Sammy, su rol comienza siendo menor, pero termina siendo acaso de mayor importancia que el de Cotard, al punto de desplazarlo de sus funciones y crear, con sus interpretaciones, una visión de la vida completamente distinta. Asimismo, a diferencia de Sammy, Millicent no es una cristalización de los deseos latentes y no manifiestos de Caden, sino una exploración de posibilidades no investigadas y la desarticulación de la unidad personal.
Millicent aparece, en el marco de la obra llevada a cabo por Caden, como la figura que se va a ocupar de representar a Ellen, la señora que tenía la función de cuidar el departamento de Adele en Nueva York. Es decir, aparece para representar a Cotard, dado que Ellen no es, dentro de la película, más que un nombre y una cara pintada en un cuadro de Adele; y es Caden quien se ocupa de limpiar el departamento de Adele, cuando recibe la información de su ubicación gracias a Sammy. Millicent es elegida por ser igual a Ellen, y permanece relativamente apartada de la acción hasta el momento en que mueren Sammy y, posteriormente, Hazel, y Caden considera haber descubierto la dirección final para su obra de teatro. Ante la ausencia de alguien que interprete a Caden en la obra, Millicent asume el papel, tras exponer su peculiar manera de interpretar la vida del director. Pero su accionar no es mera mímesis; al igual que Sammy, Millicent/Caden no fija un "ser" de Cotard, sino que lo desperdiga; Millicent/Caden re-presenta y re-crea los hechos, modificándolos en el proceso: re-interpreta a Cotard y transforma su mundo, explorando nuevas direcciones y posibilidades, que incluso son consideradas, por algunos, más "verdaderas" o "relevantes" que la vida que Caden pretendía presentar en su obra. Así, cuando el protagonista se descubre incapaz de dar un desarrollo y un cierre a la obra, que insiste en diseminarse, y dice no tener más ideas, Millicent toma su papel como directora de la obra, y asume el dominio del mundo ficcional que ha crecido hasta alcanzar el tamaño de la ciudad a la que copiaba.[5] Caden, en cambio, queda relegado al papel de Ellen, y se convierte en un personaje menor dentro de la obra que protagonizaba. Pero al final, distinguir entre Millicent, Ellen y Caden ya se vuelve imposible: los datos proporcionados por Olive mientras agonizaba, datos presuntamente ficcionales que hablaban de una relación homosexual de su padre con un hombre, Eric, son datos que coinciden con la vida que está llevando Millicent en su rol de directora; Millicent, a su vez, tiene los mismos rasgos que Ellen; Ellen, que sólo existe positivamente dentro de la obra teatral, es Caden haciendo de Ellen; y Caden fue Ellen, con su afán de limpieza, gran parte de su vida. Millicent, Ellen, Caden se desdibujan y conforman un uno múltiple y mutable; el que creía ser simplemente "Caden Cotard" se hace amplio, recluido en la reconstrucción del departamento de Adele que es el departamento de Adele, y descubre, mientras camina sobre las ruinas de su ciudad (la ciudad que se levantó en revuelta), a través de las palabras de su doppelgänger (que es y no es él mismo), la imposibilidad de "el verdadero ser" que había estado buscando:


Lo que antes era un apasionante, misterioso futuro, ahora está detrás de ti. Vivido, entendido, decepcionante. Te das cuenta de que no sos especial. Entraste forcejeando en la existencia, y ahora estás saliendo silenciosamente de la misma. Esta es la experiencia de todos. Cada uno. Lo específico difícilmente importa. Así que sos Adele, Hazel, Claire, Olive. Sos Ellen. Toda su precaria existencia es tuya, su soledad, su cabello pajoso y gris, sus manos ásperas y rojas. Son tuyas. Es tiempo de que lo entiendas. Caminá. Mientras las personas que te adoraban dejan de adorarte; mientras mueren, mientras siguen adelante; mientras perdés tu belleza, tu juventud, mientras el mundo te olvida, mientras comprendés tu fugacidad, mientras comenzás a perder tus características una por una; mientras comprendés que no hay nadie mirando y nunca hubo, sólo pensás en conducir – no viniendo de ningún lugar, no llegando a ningún lugar.[6]

Al final de la película, de su obra, de su vida, el protagonista, guiado por la voz de Millicent, ya incorpórea, sólo una voz en su oído que tiene trazas de autoconciencia, asiste al desmoronamiento del que fue su mundo, del que creyó su ser. Y es sólo entonces, ya deconstruido, cuando reemprende una vez más el intento de dar nombre a su creación, de intentar definir, cristalizar, brindar sentido. Pero muere. Y al contrario de lo que sostuvo en algún momento de la película, la obra, al final, no lo sobrevive: dispersos sus actores, dispersos sus seres presuntamente ficcionales tras la rebelión independizante que, suponemos, ocurrió en el teatro/ciudad, sin título y abierta en su enfoque (como su autor, el que al final perdió su autoridad y su nombre), con el que fuera Caden Cotard, la obra y el mundo desaparecen después del "muere" de la voz en el oído, se esfuman en la pantalla en blanco y clausuran el mundo de posibilidades experimentables a las 7:45[7], cuando se detiene, fijo para siempre, el reloj en la pared.




Notas:
[1] Podría cuestionarse, sin embargo, en qué medida Freud no demuele la creencia en un "yo" racional rígido para caer en una visión estructuralmente rígida del inconsciente.
[2] De hecho, la obra será, durante la película, la manera en la cual Caden Cotard intentará entender y dar sentido a su vida, y al final de la película, con el desdibujamiento de los límites entre la realidad y la ficción, pasará, literalmente, a ser su vida.
[3] Caden, efectivamente, se perderá aún más, pero las consecuencias de sus visitas al departamento de Adele, y de su contacto con Olive, adquirirán pertinencia especialmente con la performance de Millicent Weels como doppelgänger.
[4] La familia que Caden construye con Claire es una duplicación de la que tenía con Adele (siendo Ariel, "la otra hija" producto de este segundo matrimonio, una copia casi idéntica de Olive). Asimismo, Claire pasa a formar parte de la vida sentimental de Caden como reemplazo de Hazel, ante la imposibilidad de poseerla.
[5] Intertextualidad, u homenaje, más que evidente con y a "El rigor de la ciencia", de Borges.
[6] Kaufman, Charlie, Synecdoche New York. Las cursivas son mías.
[7] La misma hora en que comienza la película.

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25/9/09

Apuntes sobre "Synecdoche, New York"

Ya vi Synecdoche, New York, la primera película dirigida por el (groso, groso) Charlie Kaufman, dos veces. La primera no supe qué pensar, o sí, pero la gracia de la película, creía, radicaba en su no cerrar del todo. (Es decir, otra que Lynch.) La segunda vez no cambié de idea, pero recogí algunos datos que podrían interesar, y que dejo a continuación.




Aproximación 1, 18/09/09:

Synecdoche, NY empieza fácil, saltan tres afirmaciones ("Try to keep in mind that a young person playing Willy Loman thinks he's only pretending to be at the end of a life full of despair. But the tragedy is that we know that you, the young actor, will end up in this very place of desolation"; "I'm afraid I'm going to die. They don't know what's wrong with me. I want to do something important. While I'm still here"; "Everyone is disappointing. The more you know someone, it's just..."), y todo se vuelve terriblemente complicado, surrealista; una locura de puestas en abismo muy copada como idea, muy multilegible (puntas sueltas: el papel de la ficción en general; el papel de la ficción que pasa de ser mímesis a ser independiente; la búsqueda del ser, imposible si se la toma como una tarea arqueológica, condenada a ser un laberinto de perpetua escritura donde perderse, desdibujarse; la ruptura de la linealidad narrativa, manejable, y luego cada vez más abrupta, más abismática, más vertiginosa; todo el plano simbólico o no tan simbólico -el otoño, para empezar; en fuego en la casa de Hazel-; todas las duplicidades que se elevan al cuadrado; todas las repeticiones, como patrones que se repiten una y otra vez -siempre parece estar aconteciendo alguna versión de una misma historia). Es "muy muy" (imaginen que crea una ciudad dentro de una ciudad, a lo Truman Show, pero sin Truman), muy desconfiable también, por hiperbólica e inverosímil, pero no reductible a un simple sueño-del-artista, no reductible a una imaginación (no está el recurso fácil, que sería el de Mujer Fatal, que daría algo de seguridad y permitiría una visión optimista y esperanzada, tranquilizante). En fin, es una de esas películas que habría que ver una segunda vez. Asimismo, es una de esas películas que, con sus dos horas, te hacen creer que viviste una vida. Eterna. Verdaderamente absorbente y agotador, pero si te gusta Kaufman, mirala. No está mal.
Dos parlamentos que, exagerados o no, están buenos: el del ministro y el de Millicent, por la radio. Y se pueden leer acá:http://www.allsubs.org/search-movie-quotes/Synecdoche,%20New%20York%20Es/1


Aproximación 2, 23/09/09 (apuntes y preguntas):

- La película empieza cuando el reloj marca las 7:45. Termina a las 7:45, podemos suponer. (Se dice: "now you're here, it's 7:43; now you're here, it's 7:44; now you're.... gone". Y entonces, gone como muerto, como cuando algunos dicen "daddy's gone, he's in a better place", o gone como producto del completo extrañamiento, o gone como preludio del die que va a llegar.)
- Cuando Caden Cotard sale de la casa para buscar el correo, lo está observando Sammy.
- Cuando camina con la hija, tiene sicosis (por lo de la cara) y, ella insinúa, psicosis (http://en.wikipedia.org/wiki/Psycosis)
- Derek, el marido de Hazel, era el que vivía en el sótano cuando fue a comprar la casa (¿qué fue de Derek en el interín, hasta que se casó con Hazel?)
-En la única charla telefónica que tiene con Adele, es confundido con Ellen. Antes de eso, había pasado quién sabe cuánto tiempo limpiando el sótano con cepillo de dientes. Ellen era la encargada de limpiar el departamento de Adele, al final de la película.
- Dudas (bastante pavas) hasta ese momento: ¿por qué al principiar la película se habla de Halloween (31/10) si recién es 22/09? ¿Por qué Caden se ve a sí mismo en todos lados - la tele, los afiches publicitarios)? ¿Por qué la enfermedad; cuál es el motivo? Y en general, el tiempo.
- Hazel hace sinécdoque con las servilletas. También podría verse sinécdoque en el arte de Adele. No se me ocurre en Claire. En Caden Cotard (por Cotard, ver http://en.wikipedia.org/wiki/Cotard_delusion), sinécdoque va a ser el teatro, por sólo mencionar algo. Y cada nueva relación va a tener algo de "sinecdótica", buscando reconstruir el primer matrimonio (Ariel, doppelgänger de Olive, siempre "the other child" -nunca recuerda el nombre). Y ni que hablar de ese recurrir a Tammy para poseer a Hazel.
- Oh qué casualidad, lo que no funca tiene que ver con lo sensual: comer, llorar, tener sexo. Podría suponerse que Caden tiene un escarbar desde lo racional que inhabilita lo sensual, desde la disyuntiva clásica occidental. Se podría leer desde Schiller (viejísimo, pero funca; está en las Cartas para la educación estética del hombre), o quizás desde Marcuse (maso), o desde el psicoanálisis (que no conozco) seguramente.
- Otras: ¿por qué no sabía que la esposa tenía un tatuaje gigante? ¿Por qué la casa de Hazel está en llamas? ¿Cómo existe ese super-diario-íntimo de Olive? ¿A qué viene que el libro de la psicóloga quede en blanco? (Son los elementos fantásticos, o surrealistas, de la película.)
- Más preguntas: ¿Por qué celar a María? ¿Por qué Olive habla de María y no menciona a sus otros dos padres, o a Adele? ¿Adele era homosexual?
- En el cuarto, tras la reconciliación con Claire, cuando están teniendo sexo, Caden ve que Sammy (a quien todavía no conoce) y Ariel están mirando. Luego, no están. (Hace recordar a Fight Club. La figura de Brad Pitt es vista por segundos fugaces antes de que Brad Pitt aparezca como personaje.)
- Sammy: ¿De dónde salió? ¿Por qué aparece donde no tendría que aparecer? ¿Desdoblamiento esquizofrénico, a lo El doble de Dostoievski? Al igual que en El doble, los demás lo ven. Pero, ¿por qué los demás lo ven? Sammy, a mi parecer, le servía a Caden para objetivizarse, y también porque Caden es narcisista y necesita un sentido que es dado, en cierta forma, por Sammy: Sammy lo siguió por 20 años, lo cual da importancia a esos 20 años y da relevancia a Caden. Sammy, además, es una manera de mirarse, y de evadirse. También, una ficción que cobra peso y se materializa. Una necesidad que cobra cuerpo . Después, es el que canaliza las tendencias que Caden no manifiesta: hace recordar a Caden, pero es divertido, no tiene problemas psicosomáticos, "fucks without crying", etcétera. Cuando Caden consigue lo que desea (Hazel), Sammy desaparece. Se suicida.
- En determinado momento, hablando de Adele, Sammy dice que ella tenía "sweet pussy", y cuando Caden le pregunta cómo sabe, él dice que lo leyó.
- Primer título propuesto para la obra: "Simulacro". Hay algo escrito sobre simulacro de Baudrillard (no lo leí, pero habla de Borges: http://euskalherria.indymedia.org/eu/2005/02/19340.shtml Ese cuento de Borges, lo cual resulta pertinente en este caso). También Deleuze escribió un artículo corto sobre simulacro.
- Había más, pero me aburrí de repasar apuntes. Sea dicho que al final distinguir entre Millicent, Ellen y Caden se vuelve imposible. Caden se desdibuja. De Millicent no se sabía nada. Ellen, de pronto: tiene madre, posó para Adele (y tiene la cara de Millicent), vive con Eric (Olive acusó a Caden de mantener una relación homosexual con Eric).
- Preguntas pertinentes: ¿Quién es Millicent/Ellen? ¿Ellen = Millicent? ¿Cuál es la relación de Millicent/Ellen con Sammy? (Caden llega al departamento de Adele gracias a Sammy, que le pasa el dato para "ver cómo se pierde aún más".) ¿Cómo sabía Olive de Eric? ¿Por qué Olive confunde a Caden con Ellen si es Ellen/Millicent la que está con Eric? ¿Eric está con alguien? ¿Ellen existe o existió alguna vez? ¿La secuencia es la manera en la que Caden logra canalizar impulsos homosexuales negados/reprimidos, mediante su transmutación en mujer/Ellen? ¿Es una manera de vivir esos impulsos, lo que no podía vivir directamente, proyectándose en Ellen? ¿Ellen = Millicent = Caden? ¿Caden=Ellen? ¿Caden≠Ellen?
- Más preguntas pertinentes: ¿Quién dejó el mensaje de que Adele está muerta? Es una voz de hombre: ¿Eric? (Pero es demasiado formal, y según Olive, Eric era el amante de Caden.) ¿Por qué se marchitó Olive? ¿Pasó o no pasó algo con Hazel? ¿Cuántos años tiene Ellen? Eric es joven: ¿cuándo comenzó el romance Caden-Eric según Olive, si 20 años atrás Eric debía ser todavía un adolescente, y Caden ya tenía cerca de cuarenta años?
- Otra manera de mirar el asunto: en el momento en que Millicent asume la dirección, Millicent/ex Ellen es Caden, y Caden es Ellen. Millicent-Caden está con Eric. ¿Millicent descubre, asumiendo el rol de Cotard, la homosexualidad latente de Caden? Pero entonces, ¿a qué viene la figura de Caden-Ellen?
- Millicent lee en la figura de Caden Cotard, cuando se propone interpretarlo en la obra, que él es un hombre que ya murió, que está "entre estasis y antiestasis", "que intentó dar sentido a su vida y ahora es una piedra". Millicent redirecciona la vida de Caden, la re-interpreta. Le cambia el rumbo. Explora caminos que Caden no había explorado, expresa la condescendencia, rompe el egotismo, señala la insignificancia de Cotard. Se vuelve una voz en off casi superyóica, también.(Lectura bizarra, más que bizarra: ¿Ellen=ello; Caden=yo; Millicent=superyo? Pero no, porque la intervención de Millicent supone un acercamiento de Caden a Ellen, bah, una "transformación" de Caden y en Ellen, y el superyo no hace eso con el ello.) O, si no superyoica, casi una "voz de la consciencia".
- Al final, el teatro es la ciudad, como en el cuento de Borges. El teatro borró la ciudad, o la ciudad se reveló como teatro, con todos esos sueños incognoscibles. La vieja que buscaba a Ellen, la que al principio vivía en la "ciudad real" (suponemos), ahora vive dentro de la "ciudad ficticia", y eso no le preocupa demasiado. No parece darse cuenta.
- A lo largo de toda la obra, se trata de dar un nombre (a la obra): dar un nombre es reordenar, definir, cristalizar. El nombre se vincula, también, con esa voluntad de encontrar un enfoque valedero; es reconstruir desde una nueva perspectiva. La obra, al final, sigue sin nombre y abierta en su enfoque (no cierra: "Caden: Tengo una idea. Pienso que si todos... / Voz de Millicent: Muere.") Y Caden, al final, perdió su nombre.


Extra: El tema (bastante cursi, pero que, letra+música, hace una buena combinación) de Synecdoche, New York, que aparece: 1)en el bar al que lo invita Hazel, cantado por una mujer; 2)como cortinilla musical, al finalizar la película.


I'm just a little person,....................Yo soy una pequeña persona
One person in a sea........................una persona en un océano
Of many little people.......................de mucha pequeña gente
Who are not aware of me..................que no sabe de mí.

I do my little job............................Hago mi pequeño trabajo
And live my little life,......................y vivo mi pequeña vida
Eat my little meals,.........................ingiero mis pequeñas comidas
Miss my little kid and wife.................extraño a mis pequeñas hija y esposa

And somewhere, maybe someday,........Y en algún lugar, quizás algún día
Maybe somewhere far away,..............quizás en algún lugar lejano
I'll find a second little person.............[encontraré una segunda pequeña persona
who will look at me and say,..............[que me mirará y dirá:

"I know you..................................."Te conozco
You're the one I've waited for..............eres el que estuve esperando
Let's have some fun.".......................divirtámonos."

Life is precious every minute,..............La vida es preciosa cada minuto
and more precious with you in it,..........y más preciosa contigo en ella
so let's have some fun.......................así que divirtámonos.

We'll take a road trip way out west.........Viajaremos en coche hacia el oeste
You're the one I like the best................eres el que me gusta más
I'm glad I've found you,.......................me alegra haberte encontrado
Like being around you........................y estar cerca tuyo
You're the one I like the best................eres el que me gusta más.

Somewhere, maybe someday,..............En algún lugar, quizás algún día
Maybe somewhere far away,................quizás en algún lugar lejano
I'll meet a second little person.............[encontraré una segunda pequeña persona
And we'll go out and play...................[e iremos afuera a jugar.

Jon Brion, "Little Person", Synecdoche, New York

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8/4/09

Yaisel Producciones

Advertencia
Sobre las similitudes entre Harry Potter y X-Men, con Spoilers.
(... aunque dudo que haya alguien interesado que todavía no haya leído esos libros del chico mago o visto las películas de X-Men en tv.)


Breve listado desordenado de puntos de comparación entre Harry Potter y X-Men a partir de cosas muy básicas que sirven para nuestros malévolos fines.

En la figura del héroe (Harry Potter / Logan alias “Wolverine”)

- El héroe crece o aparece inicialmente en un entorno humano en el que es paria a causa de su diferencia esencial.
- Es adoptado por los de su “especie”, pero por su inserción tardía permanece como extranjero durante un tiempo, aún a pesar de su “mismidad”.
- Se inserta en una comunidad cerrada de la que toma valores y en la que entrena habilidades.
- El recuerdo de su condición de extranjero permanece en el héroe a pesar de la integración al grupo de pertenencia (no se integra definitivamente, no encastra completamente: hay un exceso que lo particulariza).
- La construcción de su lugar en la comunidad es realizada por el héroe a partir de la aceptación del modelo de conducta que promulga la institución que lo acoge, pero también a partir de inocuos desacatos de ciertas reglas (desacatos que son considerados necesarios, no de índole “maliciosa” ni “gratuita”). Hay cierto comportamiento irreverente que facilita la identificación y hace al personaje verosímil (un héroe sumiso no resulta creíble).
- El héroe desconoce su pasado; parte de la motivación de su accionar se vincula con dicha búsqueda.
- El héroe está marcado: uno de sus rasgos identificadores es extrínseco y fue consecuencia de un encuentro con un (futuro) antagonista. Esta marca pasa a formar parte de su personalidad y fortaleza, pero produce, también, dolor.
- Tiene un mentor, “ayudante sabio”, que lo prepara, lo guía, y al que finalmente ve morir.
- Siente un deseo insatisfecho por una mujer pelirroja que despierta escrúpulos morales (por diferentes motivos: en el caso de Harry Potter, porque es la hermana de su amigo; en el caso de Logan, porque es la novia de un compañero, un compañero desaparecido / muerto –tabú)
- El amor por la mujer pelirroja supone un peligro, incluso un obstáculo para el deber del héroe (contraposición clásica entre inclinación y deber)
- El héroe presenta algunas similitudes con el antagonista principal surgido de la comunidad cerrada donde vive (Voldemort y Magneto respectivamente, porque aunque Jean Grey como Fénix se vuelve antagonista en la 3° película de X-Men, esto no resulta nuclear dentro del conflicto de poder e intereses planteados en el conjunto de las tres construcciones fílmicas, y Magneto es el líder ideológico del grupo antagónico).


En la figura del mentor o “ayudante sabio” (Albus Dumbledore / Charles Xavier)

- El mentor es guía ideológico del subgrupo con la postura políticamente correcta (propuesta como paradigmática dentro de la construcción ficcional) dentro de la comunidad cerrada en la que se inserta el héroe.
- Tiene una función fundamentalmente didáctica y conciliadora.
- Tiene la función de asegurar el orden dentro del subgrupo, mantener neutralizados a los elementos perturbadores, encaminar al héroe en su viaje, y buscar una reemplazante idónea.
- El mentor es viejo y en algún momento de su vida queda lisiado, pero es capaz de enfrentar y contener al antagonista.
- La lucha del mentor está fundada en acciones que pueden resultar moralmente cuestionables (a veces trata a los hombres como medios, muy antikantianamente), pero es motivada por “intenciones puras”.
- Carga con el peso de una culpa pasada (en el caso de Dumbledore, la muerte de Ariana; en el caso de Xavier, la división de la personalidad de Jean Grey y el bloqueo y ocultamiento del “Fénix”, lo cual limita el poder de Jean).
- En su juventud, el mentor fue amigo de la figura que devendrá en antagonista (en el caso de Dumbledore, el amigo fue Grindelwald, que es un doble de Voldemort –un doppelgänger incluso a nivel fonético).


En las figuras de los antagonistas (Voldemort/Magneto – los muggles/homo sapiens)

Hay dos grupos de antagonistas:

a) los humanos “indefensos”:

- El conocimiento de la existencia de magos o mutantes produce en la mayoría de los humanos sin poderes o habilidades extra-ordinarias una reacción de miedo, rechazo y discriminación que deriva en la exclusión o en el intento de matar al elemento perturbador. Por ello, para evitar conflictos, algunas de las personas con destrezas asombrosas intentan ocultar su poder entre los humanos y vivir recluidas en comunidades cerradas.


---Aquí empieza el divague poco riguroso---
Hay una diferencia fundamental entre Harry Potter y X-Men:
- En Harry Potter, la armonía se consigue con la auto reclusión de la comunidad mágica como respuesta contra el rechazo de los muggles: se mantiene en secreto la propia existencia por común consenso de la comunidad para evitar la persecución. La figura del héroe actúa para conservar el orden establecido dentro del espacio de lo “mismo”, lo cual supone evitar la conducta desestabilizadora de Voldemort, que no sólo atenta contra la libertad de magos y muggles, sino que implica la divulgación del secreto y la exposición de la comunidad mágica (dejo de lado la motivación ofrecida por la venganza). La actuación del héroe implica una perpetuación de la ignorancia de los muggles y del ocultamiento de los magos; al luchar contra Voldemort, Harry Potter efectúa una restauración.
- En X-Men, la armonía es concebida como producto del conocimiento y la aceptación de las diferencias, y la coexistencia pacífica. Hay un secreto, pero es escondido por muy poco tiempo, porque resulta difícil ocultarlo (los mutantes no pueden generar espacios apartados y autosuficientes donde vivir, como ocurre con los magos de Harry Potter) y porque los mismos mutantes se niegan a hacerlo. En estas películas de X-Men la lucha contra los humanos sin habilidades especiales es más evidente que en Harry Potter: no sólo se pelea para evitar la tiranía propuesta por mutantes como Magneto, sino que se lucha por lograr la aceptación por parte de los hombres, que toman una actitud más agresiva. Los héroes de X-Men –los alumnos de Charles Xavier- no buscan restaurar nada, porque nunca hubo nada; lo que se intenta es una reconstrucción sintética de la armonía.
---Aquí termina el divague poco riguroso---


b) los magos o mutantes “corruptos”

- Tienen dos antagonistas: los magos o mutantes que apuestan por la coexistencia pacífica con las personas sin habilidades especiales, y dichas personas, a las que consideran “inferiores”.
- Tienen ambiciones totalizadoras.

Fin del breve listado desordenado


La dupla Yaisel® (Yamila & Gisele S.no.A.) podría haber seguido señalando obviedades, pero se cansó y prefirió la comunicación de voz artificial en el teléfono o las letritas escritas sobre el monitor de una computadora con teclado salpicado por café. Por ende, su tarea terminó acá. Acepta recomendaciones, spam, hate-mail, regionalismos ininteligibles y saludos. También acepta plata y regalos sin compromiso. No le interesan los predicadores o vendedores en la puerta, gracias.
Saludos al peregrino lector.


Nota: versión novelada en www.andefimero.blogspot.com

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14/3/09

Eraserhead, o la creación ficcional como reducto de la libertad

Eraserhead (Cabeza borradora) es el primer largometraje escrito y dirigido por David Lynch. Estrenado en el año 1977, debido a su trama poco convencional -donde los espacios de lo real y lo fantástico se vuelven permeables y se entremezclan- y a su carácter discontinuo y extraño, ha dado lugar a múltiples interpretaciones y a reacciones variadas por parte de los espectadores.
En el presente trabajo se intentará esbozar una lectura experimental de la película, abordándola desde la visión particular que parece darse del espacio ficcional como apertura a la creación de sentido y el posicionamiento del hombre frente a él. Ciertos elementos en Eraserhead parecen ofrecer lugar a una lectura donde se problematiza la concepción de la obra ficcional como un mero entretenimiento, y donde se la plantea como un ámbito de crítica y una pregunta por lo establecido, como un último reducto del ejercicio de la libertad de expresión. En relación con esto surgen algunas preguntas-eje fundamentales, que serán las que guiarán este trabajo: ¿En qué medida y cómo compromete el espacio ficcional al autor y al lector? ¿Es posible vivir al arte como mero escapismo, si él mismo se constituye como una exigencia de creación? ¿Cómo afecta la obra ficticia a la concepción de la realidad y a la relación con la misma?
Para abordar y desarrollar adecuadamente estas cuestiones, el estudio de Eraserhead se realizará en dos partes: en primer lugar se observará la construcción de la obra, el “cómo se presenta” ante el espectador (es decir, lo que usualmente se denomina “forma”), y luego se analizará la trama argumental, “lo que es presentado” ante el público (es decir, el “contenido”). Es preciso aclarar que esta división es provisional y se realiza únicamente con fines prácticos, puesto que ambas “cualidades” de la construcción fílmica son interdependientes entre sí y se explican la una por la otra: “no hay ninguna diferencia entre aquello de lo que un libro habla y cómo está hecho”[1], por lo que no se puede reducir una obra de arte a mera forma o puro contenido, como señala Graciela Montes en su ensayo Scherezada o la construcción de la libertad[2]. De manera que, en definitiva, a pesar de la separación de las áreas de estudio se apostará a una interpretación sintética de contenido y forma por considerarlas no subordinables entre sí y funcionales por igual a la creación.
Para el estudio de la construcción de la obra se recurrirá fundamentalmente a los aportes teóricos realizados por Deleuze, Guattari y Sartre. En el análisis de la trama argumentativa de la película, harán de guía los conceptos esgrimidos por Schiller y Pavlovsky, fundamentalmente, y además se recurrirá a un estudio comparativo con la tragedia Las Bacantes, de Eurípides.


La película rizomática: apuesta a la actividad creadora del espectador

Gilles Deleuze y Félix Guattari comienzan su ensayo Rizoma presentando una visión del libro como agenciamiento, un lugar territorial inatribuible (es decir, que no tiene un sujeto de enunciación) por ser producto, no de un individuo único aislado, sino de una multiplicidad: todo agenciamiento es colectivo, y pone en juego ideas, elementos, cuerpos en medio de los cuales está ubicado el hombre y, fundamentalmente, la relación que se da entre ellos. De acuerdo a los dos filósofos, el libro, como agenciamiento, está orientado hacia los estratos (lo cual, de acuerdo a los autores, “lo convierten en una especie de organismo, o bien en una totalidad significante”[3]), y es por eso un espacio de territorialidades, segmentaridades y líneas de articulación, pero esto se encuentra manifestado conjuntamente con líneas de fuga, movimientos de desterritorialización y de desestratificación: es un cuerpo sin órganos que deshace el organismo (entendiendo como tal, valga la redundancia, a la “organización de los órganos”) al hacer pasar partículas asignificantes e intensidades puras. De manera que el libro se presenta como una multiplicidad con carácter abierto, no atribuible y no significante, que el lector tiene que experimentar (y no interpretar) y al que, por no ser un objeto de lectura unilineal y estático, es posible abordar desde distintas visiones de acuerdo a los otros agenciamientos en relación con los cuales se lo conecte y se lo “haga funcionar”.
De acuerdo a la manera en que el libro es construido, a la relación entre los estratos y las líneas de fuga, Guattari y Deleuze distinguen tres tipos de libros, a los cuales denominan libro-raíz, libro-raicilla y rizoma[4].
El libro-raíz es el libro clásico: “bella interioridad orgánica, significante y subjetiva”[5] que se guía por una lógica en donde existe una fuerte unidad principal como pivote que soporta raíces secundarias. La raíz es “la imagen del árbol-mundo” (es decir, del mundo entendido como árbol, “lo Uno que deviene Dos”[6]), imita al mundo: vendría a convertirse en una copia, un pretendiente semejante al modelo sobre el que se funda que reproduce la lógica binaria imperante. Este pensamiento, de acuerdo a los pensadores, jamás ha entendido la multiplicidad: “para llegar a dos, según un método espiritual, necesita presuponer una fuerte unidad principal”[7]. Hay, pues, una fuerte estratificación y líneas de subordinación jerárquica que condicionan la lectura.
El libro-raicilla o raíz fasciculada es, por el contrario, aquel en el que la raíz principal ha sido abortada y desplazada por “una multiplicidad inmediata y cualesquiera de raíces secundarias que adquieren un gran desarrollo”[8], pero en el que la unidad del libro sigue subsistiendo como pasado o futuro, como posible: la multiplicidad está pensada e incluida en una estructura, y es por eso que a pesar y a partir del carácter fragmentario de la obra se genera un intento de Obra total. De modo que Deleuze y Guattari afirman que hay una unidad secreta más comprensiva o de una totalidad más extensiva:

El mundo ha perdido su pivote, el sujeto ni siquiera puede hacer ya de dicotomía, pero accede a una unidad más elevada, de ambivalencia o de sobredeterminación, en una dimensión siempre suplementaria a la de su objeto. El mundo ha devenido caos, pero el libro continúa siendo una imagen del mundo, caosmos-raicilla, en lugar de cosmos-raíz. Extraña mistificación la del libro, tanto más total cuanto más fragmentado.[9]

En el libro rizomático, en cambio, hay conexión y heterogeneidad (cualquier punto puede -y debe- ser conectado con cualquier otro sin importar su posición recíproca) y como se encuentra ausente una unidad que sirva de pivote en el objeto o que se divida en el sujeto, se construye la multiplicidad: no hay un Uno primigenio o eje genérico que genere lo múltiple, ni se concibe como posible; hay una pluralidad colindante de potencialidades, de elementos que generan estratos, pero a la vez presentan líneas de desterritorialización: en el rizoma se presentan rupturas asignificantes que permiten que pueda ser roto o interrumpido en cualquier parte, y retomado desde alguna otra de sus múltiples entradas. Además, a diferencia de los libros anteriores, el rizoma no se establece como una imagen del mundo: no es un calco, sino un mapa que está orientado, no a la reproducción, sino hacia “una experimentación que actúa sobre lo real”[10]. Entonces, el rizoma es, a causa de todos estos caracteres señalados, una construcción sin centro, “abierta, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantes modificaciones”[11], y que puede ser abordada desde distintos territorios, sin un orden estático o una lectura unilateral. En definitiva, es una multiplicidad de lecturas posibles, un espacio de libertad de acción que, a partir del juego entre las líneas de articulación y de fuga, puede y en efecto abre espacio al cuestionamiento sobre las estratificaciones estáticas y los órdenes jerárquicos y cerrados.
Tras esta breve recapitulación de los planteos principales realizados por Guattari y Deleuze en Rizoma, podría afirmarse que Eraserhead es fundamentalmente rizomática, por la manera en que está construida y se presta a la experimentación del espectador: las secuencias fílmicas se suceden, efectivamente, conectadas entre sí de manera abierta y heterogénea, sin una conexión causal estricta (las líneas de articulación generalmente son construidas por cada espectador cuando se enfrenta a la película a través de una experimentación consciente, porque en general resulta “confusa” la presentación de las escenas), y aunque hay unidades y líneas de segmentaridad según las cuales está estratificada, siempre parece haber líneas de fuga que ponen en jaque a la construcción toda y obligan a re-experimentarla, generando múltiples lecturas. Cada nueva imagen problematiza a las anteriores, desafía las convenciones establecidas y resulta incluso contradictoria con la pluralidad de elementos colindantes en la construcción. Esto se nota, por ejemplo, en las secuencias fílmicas que se suceden luego de que Mary X abandona a Henry Spencer con el “bebé”: el espectador contempla a la Chica hermosa del otro lado del pasillo (Beautiful Girl Across the Hall) y luego asiste inmediatamente, sin que haya una conexión evidente entre ambas escenas, a aquella en la que Henry descubre la repentina manifestación de la enfermedad del “bebé” y la imposibilidad de abandonarlo; a continuación, mientras Henry está en la cama con los ojos semi-cerrados (lo cual induce a pensar que lo que ocurrirá a continuación es de carácter onírico), unas puertas de metal parecen abrirse para dejar paso a la función en el teatro de vodevil dentro de su radiador, donde la inverosimilitud de lo que se presenta parece confirmar la presuposición. Seguidamente, el espectador asiste a un despertar de Henry. A su lado se encuentra Mary X, y esto hace cuestionable los sucesos anteriores. Pero enseguida se descubre que lo que está ocurriendo debe de ser un sueño, y a partir de entonces las “escenas oníricas” y los “despertares” se suceden en un mare mágnum de acontecimientos en el que la realidad y la ficción se entremezclan, y donde la amplitud de abordajes posibles dan lugar a un espacio de libertad que obliga a quien mira la película a efectuar una permanente lectura provisional y personal para poder aproximarse al agenciamiento. Este acercamiento se realiza, asimismo, desde cualquiera de las múltiples entradas que ofrece el texto fílmico: debido a su carácter fragmentario, no hay una estricta sucesión lineal que permita lograr una interpretación cerrada de los hechos presentados, sino una multiplicidad de dimensiones conectables que carecen de un eje fundamental que prevalezca (aunque sí presentan algunas ideas con mayor intensidad).
Habiendo señalado el carácter de Eraserhead como obra abierta donde coexisten líneas de articulación y de fuga, en la cual se presenta una interrelación y resignificación de los elementos constitutivos no subordinables entre sí, y que ofrece una potencial multiplicidad de lecturas; en definitiva, como obra rizomática que está relacionada con “un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga”[12], es preciso destacar el señalamiento que hacen Deleuze y Guattari de la importancia que tiene la participación del espectador como experimentador que “hace funcionar” al agenciamiento, como constructor de la obra. La ficción se presenta, para estos filósofos, como un espacio de libertad de creación y de expresión por parte del lector, que podría generar nuevas legalidades o sentidos[13] (de eso se trataría el “volver a colocar sobre los mapas los calcos”[14]) y cuestionar los anteriores a partir de las contradicciones, aquellas constitutivas de la obra y aquellas que surgen con su comparación con otros agenciamientos o la “realidad” [15].
La ficción como espacio de libertad conlleva, pues, un compromiso, por el carácter construido de la obra y por los cuestionamientos que genera. En Eraserhead, esta participación activa es evidente puesto que la misma película la exige: resulta imposible mantener una actitud completamente pasiva, porque el goce de la obra deviene del compromiso que se asume con ella. El espectador se ve conminado en todo momento (con cada nueva escena) a barajar suposiciones, relacionar elementos y apostar por una o más líneas de lectura, para lo cual recurre a las propias concepciones que tiene de la realidad y a su relación con el ordenamiento social. El posicionamiento comprometido del lector frente al texto fílmico es necesario en todos los aspectos; podría decirse, como señala Sartre, que la lectura del mismo se presenta como un imperativo (un deber de hacer funcionar el agenciamiento, de realizar una “creación dirigida”) que el espectador ha de aceptar voluntariamente (nada más que la propia voluntad libre incita a seguir viendo la película y recorriendo-construyendo sus derroteros) con el conocimiento de que la obra es inagotable porque siempre se puede crear “más profundamente”[16], y que sólo gracias a estas condiciones puede existir y generar placer[17].
Dicho compromiso y posicionamiento del lector no se limita, sin embargo, al espacio ficticio: tal como señala Sartre, escribir es “revelar el mundo y proponerlo como una tarea a la generosidad del lector”[18]: los cuestionamientos que surgen por el contacto con la obra ficcional no quedan relegados a ella, sino que comprometen al orden establecido e implican pensar en la propia ubicación ante el mundo (esto ocurre, por ejemplo, cuando Mr. X realiza la crítica a la ciudad industrializada, o cuando observamos la alineación de Henry dentro de la misma); la ficción que se erige frente a la realidad como una alteridad plantea una legalidad propia (construida en la lectura) como pensable y posible, legalidad que muchas veces cuestiona las usanzas establecidas. Esta legalidad no necesariamente tiene que ser paradigmática – en Eraserhead, evidentemente, no lo es-; lo importante es que con su existencia pueda abrir, aunque sea negativamente, el espacio para la reflexión.
En definitiva, por su construcción formal, Eraserhead se presenta como una obra rizomática, susceptible de generar múltiples lecturas (re-creaciones) que exigen una actividad creativa y una toma de posición frente al mundo por parte del espectador. Abre, entonces, un espacio de libertad de acción (y no de mera adhesión) para el hombre, que para hacer frente a la confusión estructural y argumental no puede evadirse, sino que debe comprometerse en su totalidad y voluntariamente en una experimentación de carácter provisorio que contiene en sí misma líneas de fuga que la niegan y la enriquecen. La película genera, en conclusión, una emancipación y posibilita la creación de sentidos desde el momento en que el espectador se hace artífice y se plantea cuestiones que atañen, no sólo al universo ficcional de la obra, sino también a la “realidad”.


La creación del espacio ficticio como movimiento liberador



Como se dijo anteriormente, Eraserhead es una película que permite varias lecturas, y en la que la ficción y la realidad se entremezclan hasta que resulta imposible determinar qué ocurre verdaderamente y qué es un sueño[19]. En este trabajo se intentará estudiar en la obra el posicionamiento de Henry en el mundo, su relación con el deber y la inclinación, y la manera en que el espacio ficcional parece constituir una posibilidad de libre actuación frente a la opresión.
La primera visión que el espectador tiene de la sociedad en Eraserhead está estrechamente relacionada con el espacio seco, monótono y solitario de un mundo opresivo industrializado hasta el hartazgo. Henry Spencer, el protagonista, se presenta, dentro de este espacio urbano, como un sujeto escindido y fragmentado, alienado en esa sociedad muerta con la que apenas tiene conexión: sus vínculos con otros individuos son escasos y poco estrechos, su vida carece de responsabilidades que lo relacionen con grupos sociales. No tiene pareja o amigos, ni siquiera trabaja: está de "vacaciones", probablemente de paro, y por lo que se puede observar, se siente completamente vacío e incomunicado. Pasa de haber tenido trabajo en una imprenta en un pasado que el espectador desconoce (y que por lo tanto, no existe más que como suposición), al silencio y la inmovilización de estar abortado en un mundo “bárbaro”[20] aplastante al que ha naturalizado irreflexivamente y del que se aísla tras ventanas que sólo muestran paredes de ladrillo.
En determinado momento, la vida inercial de Henry se ve perturbada: Mary X, una ex pareja a la que de pronto dejó de ver, se comunica para enterarlo sobre la criatura que ha dado a luz, un prematuro de escasos rasgos humanos, un ser del que los doctores “ni siquiera están seguros de que es un bebé”[21]. Repentinamente, Henry se ve obligado a casarse y hacerse cargo de un pequeño al que ni siquiera reconoce como suyo, y acepta el deber (la sociedad lo manda), pero esta aceptación también se inscribe en su vida como un acto inercial e indiferente al que no vive como algo propio. Así, se va a vivir con Mary X y su hijo, pero es ella quien se hace cargo de cuidar a la criatura: Henry observa las escenas familiares desde afuera, no se responsabiliza. Sólo cuando Mary lo abandona y el asunto se vuelve ineludible comienza a sentir que lo afecta directamente, y el mundo se vuelve una pesadilla.
Henry es embargado por la preocupación del "hijo", dominado por ella, que se adueña de él en todo sentido y lo desplaza. Henry ya no es Henry y lo sabe: si antes se encontraba alienado de manera inconsciente por la inmovilización que la sociedad ejercía sobre él, ahora se nos muestra como des-centrado por el miedo al bebé, ese Otro enfermo, tiránico y amenazador que parece una carga impuesta desde afuera que esclaviza y en donde a Henry le resulta imposible reconocerse.
Resulta interesante vincular la relación entre el bebé y Henry con las propuestas que el poeta Friedrich Schiller desarrolla en sus Cartas para la educación estética del hombre: en ellas, el autor plantea que en el hombre conviven por naturaleza un impulso formal y un impulso sensible, el primero de ellos vinculado a lo racional y al deber, y el segundo a lo subjetivo, la sensibilidad y las inclinaciones. Ambos impulsos se encuentran escindidos en el mundo moderno, donde la unidad del hombre se ha despedazado y automatizado en la división del trabajo. La falta de armonía genera salvajismo, cuando predomina lo impulsivo sobre lo racional, o barbarie, cuando se produce el imperio exacerbado de lo racional sobre el sentimiento. La barbarie es, para Schiller, la gran enfermedad de su siglo.

El hombre puede estar en contradicción con él mismo de dos maneras: como salvaje, cuando sus sentimientos dominan sobre sus principios, o como bárbaro, cuando sus principios destruyen sus sentimientos. El salvaje desprecia el arte y sólo reconoce por soberano ilimitado a la naturaleza; el bárbaro se burla de la naturaleza y la deshonra, pero, más despreciable que el salvaje, continua frecuentemente siendo el esclavo de su esclavo.[22]


En Eraserhead la escisión se manifiesta en la incapacidad de Henry de conjugar deber e inclinación y de aceptar las vinculaciones entre ambos: enfrentado a la imagen de la mujer, siente deseo, pero teme a la fecundidad, al grito de los chicos-cargas potenciales, y por eso imagina que arranca "fetos" de su esposa. Deber e inclinación se engendran entre sí y tienen estrechas relaciones (la inclinación origina un deber, y el deber podría generar inclinación, como indica Schiller), pero Henry es incapaz de asumir las responsabilidades que exigen ambos y de constituirse como un todo armónico. Y la falta de armonía lo inmoviliza: en principio, no se manifiesta ni el salvajismo ni la barbarie, Henry no se ocupa de su hijo, pero tampoco intenta concretar sus deseos. Permanece pasivo, encerrado en su habitación, esclavo de sus esclavos (la negado, en este caso, son tanto las inclinaciones como los deberes), del deseo sin medios y el deber sin voluntad: sufre todas aquellas cosas que no afronta (matrimonio, paternidad, pasión) a través de Mary X, el bebé y la vecina, pero no se ocupa de ellos, se evade. Si para Schiller la escisión tuvo un aspecto positivo porque permitió el progreso de la especie y la civilización, en Eraserhead se cuestiona ese progreso, que ha llevado a generar una ciudad donde los tubos y las máquinas rodean al hombre, condenando, no sólo su integridad y felicidad («sólo el equilibrio atemplado de las mismas [fuerzas] puede producir hombre felices y perfectos»[23], señala Schiller), sino también su capacidad de accionar y sentir:

Yo soy fontanero. Treinta años. He visto que no debería haber cambiado jamás a este infierno que es ahora. Puse cada maldita tubería en este vecindario.[...] Hace 14 años me operaron mi brazo, aquí. Los doctores dijeron que no podría volver a usarlo. Pero qué diablos saben ellos, dije yo. Y lo froté media hora cada día. Y poco después... podía moverlo un poco. Luego… [Realiza un movimiento, mostrándole a Henry.] Así que podía girar la canilla, y bastante pronto ya tenía mi brazo de vuelta otra vez. Ahora no puedo sentir nada en él. Completamente insensible...[24]


Frente a esta situación de insostenible y apremiante inacción, la ficción se erige como una alternativa en la búsqueda de libertad. Henry recurre a ella en un intento de escaparse de sus circunstancias: por la noche, cuando el bebé le impide abandonar la casa, Henry construye con la imaginación un teatro de vodevil dentro de su radiador. Allí aparece la Dama en el radiador (Lady in the Radiator) que baila con una mirada tímida, tentativamente cómplice. Lentamente, con cierta reticencia inicial pero con deseo contenido, ella pisa en su baile unos “fetos” (bulbos alargados que bajo la suela del zapato estallan en líquido blancuzco) que se hallan por doquier, desparramados en su camino. Luego de pisar el primero, parece haber habido una liberación, y el movimiento continúa fluyendo con apocamiento, pero ya más ágil y fluido, hasta que el ensueño termina y Henry despierta.
Esta primera “huida” al espacio ficcional[25] podría leerse desde lo planteado por Eduardo Pavlovsky en Proceso creador como un “movimiento liberador” a partir del cual se intenta la superación del drama personal gracias a la posibilidad que se presenta de dejar de repetir los paralizadores gestos adquiridos.

Al proyectarnos hacia nuevas posibilidades creadoras [...] intentamos superarnos y en nuestra misma superación se develan nuevas contradicciones y nuevas formas de conducta. El creador, hombre de teatro, no repite en sus obras sólo los gestos de su infancia, sino que su obra es también la superación de ese pasado condicionado. Esa obra es la singular y específica forma de intentar superarlo. Un dramaturgo en cada obra no repite, sino que construye la superación de su pasado.[26]


Es en la ficción donde Henry puede liberar sus inclinaciones y enfrentar a su miedo, que se encuentra representado por los “fetos”, símbolos del temor de Henry al deber impuesto. Siguiendo sus inclinaciones, niega al pavor, lo rechaza y lo destruye a través de la Dama en el Radiador. Luego de este acontecimiento, cuando despierta (sea este despertar un “sueño” o una “realidad”; no resulta relevante), Henry abandona repentinamente su actitud aletargada y se enfrenta él mismo, en persona, a la representación de su temido deber: repite el gesto de la Dama al arrojar contra la pared los fetos que salen del cuerpo de Mary. Eso parece plantear que en la ficción no se realiza una mera catarsis, como afirma Aristóteles, sino que se inicia un proceso de superación y de recuperación de la libertad. En Henry, la forma más evidente en la que se manifiesta esto es el salvajismo, el imperio exacerbado de lo impulsivo sobre lo racional: a partir de la ficción, el protagonista logra abandonar su inacción, y cede a los impulsos animales para darse al adulterio con la Chica hermosa del otro lado del pasillo, ignorando mientras tanto al bebé, que llora.
La segunda visita al teatro dentro del radiador ocurre después de la cópula. En esta ocasión, Henry se encuentra presente en el teatro, frente la Dama en el Radiador, que canta sobre un lugar idílico y pacífico donde se puede concretar la totalidad:

En el Paraíso, todo está bien
En el Paraíso, todo está bien
En el Paraíso, todo está bien
Tú (ob)tienes tus buenas cosas
Y yo (ob)tengo las mías.[27]


El término “Paraíso” es ambiguo, y puede ser leído de mil formas distintas. Las interpretaciones que le fueron dadas son variadas y fácilmente rastreables en Internet: se lo ha relacionado con el suicidio (la “paz de la nada”), con la petite morte despersonalizada del acto sexual, con el Cielo cristiano. Leído desde Schiller, podría pensarse que este lugar donde “todo está bien” y cada uno recibe lo que le corresponde, este espacio de plenitud ansiado por Henry, es un ámbito de armonía y paz.
Schiller piensa la armonía en términos de reciprocidad, como la coordinación y la subordinación de los impulsos sensible y racional entre sí: materia y forma, razón y sentimiento, estarían coordinados; la eficacia de un impulso fundamentaría y limitaría, al mismo tiempo, la del otro, y de esta manera cada uno alcanzaría su manifestación suprema gracias al carácter activo del impulso contrario. La armonía sería, entonces, un estado de plenitud y libertad dado por el equilibrio entre lo sensible (que se relaciona con la inclinación) y lo formal-racional (relacionado con el deber).
Henry sube al escenario y se aproxima a la Dama en el Radiador luego de la canción buscando el Paraíso, pero no está preparado para obtenerla: acaba de caer en estado de salvajismo y de ignorar al bebé (el deber) que lloraba. El escapismo no conduce a la armonía: la Dama en el Radiador cierra sus manos (retira el ofrecimiento) y desaparece con su luz, dejando a Henry solo. El protagonista, entonces, abandona el escenario, y éste es ocupado por un árbol seco (imagen que podría leerse como símbolo de la Naturaleza herida por la barbarie, y una anticipación de lo que ocurrirá a continuación). En su contemplación del árbol, Henry pierde, literalmente, la cabeza. Su cuerpo es colonizado, dominado por el "bebé-reptil", por el deber, que llora. Su cabeza cae frente al árbol que sangra, y finalmente, se hunde.
Esta colonización del protagonista por aquello que negaba es comparable a la que presenta la tragedia Las Bacantes, de Eurípides. En esta obra, Penteo, rey de Tebas, rechaza los ritos dionisíacos por considerarlos locos, desenfrenados y extranjeros; no obstante, “Dionisio [...] pone en evidencia, como lo hace el vino, al “otro” que somos sin saberlo”[28], y Penteo llega a travestirse para ir a observar los ritos, actividad en la que es descubierto y por la cual termina siendo decapitado por su propia madre, una de las bacantes. Penteo pierde la cabeza, metafórica y literalmente, a causa de aquello que reprime, y se vuelve esclavo de su esclavo, como señaló Schiller sobre la barbarie. En su caso, lo que aguarda amordazado es la sensualidad, lo concupiscible, que ve como algo ajeno a sí mismo (a su “yo racional”) y sin embargo, se revela como propio. En el caso de Henry ocurre algo muy similar, pero lo reprimido es el deber del que huía y que le impedía vivir armónicamente.
En Eraserhead, la desarmonía en el individuo creada por las condiciones sociales alienantes se manifiesta, no sólo como barbarie o salvajismo, sino también como una incapacidad de cumplir acabadamente con las responsabilidades planteadas por las inclinaciones y el deber, un incapacidad de sentirse comprometido en la propia vida que deviene en un sentimiento de ajenidad hacia esas responsabilidades. El espacio ficticio, que exige una actitud comprometida del sujeto y se revela como espacio de libertad para la creación, permite la problematización de esas cuestiones porque obliga al hombre a plantarse frente a sí mismo, a enfrentarse. Así, en su primera visita Henry logró dar rienda suelta a sus inclinaciones, y en la segunda visita se pone de manifiesto la esclavitud a la que lo somete la represión. Además, se problematiza la concepción del deber como algo ajeno: el bebé es algo que está enraizado a Henry, no algo extraño a él; como en el caso de Penteo, termina revelándose como una otredad ficticia, producto de aspectos reprimidos del individuo. De hecho, resultaría interesante pensar en el bebé como en un “doble” de Henry, un representación. Las similitudes son escasas, pero persistentes: ambos se sienten abandonados (el bebé por sus padres; Henry por el mundo, por Mary, por la Chica hermosa del otro lado del pasillo) y se refugian en la soledad, ambos son prematuros (no están preparados para afrontar al mundo: el bebé nació antes de tiempo, y Henry es incapaz de hacerse cargo de su vida), y viven estancados en el momento, sin proyectos para el futuro ni aparentes aspiraciones. El momento en que Henry pierde la cabeza podría ser visto como la anagnórisis de la dimensión reprimida como propia, un reconocimiento. Sin embargo, sigue habiendo un dualismo, una división en el individuo: Henry pierde la cabeza y predomina el deber sobre la inclinación: hay barbarie, y el árbol, la naturaleza, sangra.
Cuando la cabeza se hunde en la sangre, de pronto la vemos caer del cielo hacia la acera, contra la que se destroza y deja expuesto el cerebro. Un chico la toma ante la mirada impotente de un viejo vagabundo; la lleva a una fábrica de lápices y la vende al jefe, que entrega al cerebro al operador de la máquina de lápices. En ese momento se explica el título de la película: el cerebro de Henry es empleado para hacer goma de borrar. Es una cabeza-borradora, no sólo por su evasión personal ante las responsabilidades que debe afrontar, sino también porque la sociedad lo incita a huir y lo aliena. Henry pasa de haber trabajado en una imprenta (lugar donde se imprimen creaciones, frases, palabras) a ser comprado por un empresario que busca transformarlo en goma de borrar. Pasa a ser borrado, anulado, enajenado para provecho ajeno, y lo acepta pasivamente, sin darse cuenta de su esclavitud, como en las sociedades opulentas que describe Herbert Marcuse[29].
Pero en el espacio ficticio que es sueño, manifestación de lo reprimido, cuestionamiento personal y re-visión del mundo, Henry logra enfrentarse a sí mismo y tomar conciencia. Se abre un espacio de liberación: tras el sueño, Henry podrá enfrentarse al deber y a la sociedad, a su hijo y al mundo visto desde la ventana. La ficción, a la que Henry acude como huida, demuestra no ser un mero escapismo.
Cuando despierta tras el ensueño en el que su cabeza es reducida a goma de borrar, Henry está solo con el bebé, que ríe. Lo abandonaron otra vez: la Chica hermosa del otro lado del pasillo no está, tampoco está en su casa; el bebé se burla de él. Es una risa rencorosa, del hijo al padre, de abandonado a abandonado. El bebé, que había sido callado (sólo había exigido su permanencia, y Henry se fue para hundirse en el charco con la vecina), se venga y vuelve a ejercer su tiranía. Pero Henry ya no la acepta: decide desvelar lo oculto y rompe las vendas que envuelven el cuerpo de su hijo. Rompe el organismo, que es, en palabras de Deleuze y Guattari, el orden, la organización de los órganos estática, tiránica. Pero Henry no se propone una nueva creación al hacer esto: nuevamente se está evadiendo: cuando quedan a la vista los órganos, los "apuñala" con la tijera, en un intento de liberación impetuoso que lo deja expuesto. La violencia no puede generar armonía: la supresión (ya no represión) de una parte de sí sólo logra que lo atormentador crezca y la persiga: el bebé-reptil se acrecienta, se hace enorme y acosador, y finalmente se presenta como una imagen que se mostró al principio de la película: el planetoide como isla que encerraba cual prisión al Hombre en el Planeta (Man in the Planet), individuo quemado y lleno de excoriaciones pero activo. Al principio, el Hombre en el Planeta permanecía como esclavizado, cabizbajo, operando sus palancas con desgano. Ahora este planetoide estalla, se rompe. La cabeza de Henry se rodea de goma de borrar, pero él deja de huir, avanza a las profundidades, entra al planetoide. El Hombre en el Planeta lucha con sus máquinas febrilmente, sacándoles chispas y riendo. Está liberado.
Entonces a Henry lo rodea la luz, el Paraíso, y la Dama en el Radiador lo abraza. La chica, faceta de él mismo que le estaba vedada, ahora sí puede ser asida y comulgar. Fue todo como un viaje de descubrimiento, un viaje de liberación a través de la ficción mediante el cual Henry se enfrenta al dilema inicial (su miedo al compromiso y a la actividad) y se libera de él, no por la represión o la supresión, sino por el enfrentamiento. Y entonces sí, la luz paradisíaca vista en sueños, la que se le escapó tras rozarla con la mano, se concreta, y Henry queda en armonía, en su Paraíso construido.


Conclusión

A lo largo de todo el trabajo se rastreó la manera particular en que en Eraserhead el espacio de ficción es planteado como una puerta al ejercicio de la libertad: tanto desde el lugar del lector/espectador, como sujeto al que se le ofrece la posibilidad de crear una lectura personal, como desde el de creador que puede recurrir a la ficción para enfrentarse a sus problemas y generar dialécticamente una solución armónica de los mismos. Se ha observado, asimismo, que la ficción no es un mero entretenimiento, sino que compromete a quien la disfruta, porque problematiza cuestiones que han sido naturalizadas y abre espacio al cuestionamiento. Por eso mismo, la obra ficcional afecta en su desarrollo a la visión que se tiene sobre el mundo y por ende, puede transformar potencialmente las relaciones con el mismo: la creación artística, como simulacro, posibilita al hombre descubrir la ficción en el que está fundado el orden predominante en la “realidad” establecida, orden que es por ello repensable y modificable. Señala Deleuze sobre la “inversión del platonismo” planteada por Nietzsche: “se trata de introducir la subversión en este mundo, «crepúsculo de los ídolos». El simulacro no es una copia degradada; oculta una potencia positiva que niega el original, la copia, el modelo y la reproducción.[30] La obra ficcional, con su planteamiento de una nueva legalidad (un “como si” negador de ciertas características del mundo vigente, como indica Herbert Marcuse) y su posicionamiento en el mundo como algo que exige ser tomado con “seriedad” y ser vivido como algo “real”, pero reconociendo a la vez su carácter ficcional (relativizando los términos de “realidad” y “ficción”) puede generar un cuestionamiento del fundamento y abrir espacio para el cambio.
El espacio ficcional en tanto ámbito de libertad se plantea, ante todo, como un área donde es posible construir la totalidad armónica del hombre, porque exige la conjugación de inclinación y deber para su construcción, y porque permite imaginar la posibilidad de una vida integral. Así, Henry, que sufre la tiranía de todas aquellas cosas que no afronta y es víctima de todo tipo de sucesos que no tienen explicación (y que no intenta explicar), puede finalmente, a través de la fantasía, alcanzar la paz y la armonía que buscaba, tras enfrentarse a todo aquello que impedía su construcción.
En definitiva, el espacio ficcional se presenta, en Eraserhead, como apertura a la creación de sentido (a la toma de responsabilidad por la propia vida) y ámbito de crítica donde se problematizan cuestiones fundamentales en la vida humana, permitiendo así lograr una mayor plenitud y la libertad del hombre.


Bibliografía

§ Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, Rizoma, Madrid, Editora Nacional, 2002
§ Eurípides, Bacantes, Estudio preliminar de Nora Andrade, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003
§ Marcuse H, Conferencias
§ Montes, Graciela, La frontera indómita, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp.24.
§ Pavlovsky, E., Proceso Creador, Buenos Aires, Ediciones Ayllu, 1991
§ Sartre, Jean Paul, ¿Qué es la literatura?, Buenos Aires, Editorial Losada, 1969
Schiller, J.C.F, Cartas sobre la educación estética del hombre, Buenos Aires, Aguilar, 1981


[1] Deleuze G y Guattari F, Rizoma, pp.8
[2] Montes G, La frontera indómita, pp.24.
[3] Deleuze G y Guattari F, Rizoma, pp.8
[4] Eco toma la idea y distingue tres tipos de pensamiento (tres tipos de libros): el laberinto clásico, e laberinto manierista y el rizomático.
[5] Deleuze G y Guattari F, Rizoma, pp.9
[6] Ibíd, pp. 9
[7] Ibíd, pp.10
[8] Ibíd., pp. 10
[9] Ibíd, pp. 11-12
[10] Ibíd, pp. 20
[11] Ibíd, pp. 20
[12] Ibíd., pp. 32
[13] Con el término “sentido” se intenta dar cuenta de un determinado posicionamiento y visión de la multiplicidad a la que se enfrenta el hombre (que es, a su vez, multiplicidad), a partir del modo en que conecta elementos y se posiciona con respecto a lo presentado en el libro-rizoma.
[14] Ibíd, pp. 32
[15] El empleo de las comillas pretende relativizar el término. La realidad sería, si tenemos en cuenta todo lo dicho por Guattari y Deleuze, un agenciamiento, y por lo tanto, no se diferencia en extremo de la ficción. Lo límites entre ambas son permeables. La realidad es ficción (es construcción, es modificable, es producto de convenciones arbitrarias, no necesarias), y la ficción es real (exige ser vivida con seriedad, propone una lógica propia que es legítima, y es vivida por el ficcionador como verdadera).
[16] Sartre J.P., ¿Qué es la literatura?, pp. 70-72
[17] Resulta interesante señalar que Sartre parece indicar que la libertad tiene como condición la armonía en el hombre - la conjugación de la inclinación y el deber-, la cual se lograría a través de la obra estética, idea muy similar a la propuesta por Schiller.
[18] Ibíd., pp. 81
[19] Esta “relativización” de lo ficticio y lo real acaba generando en el espectador la sensación de que todo lo ocurrido no fue más que una pesadilla, pero eso no quita el hecho de que es vivido como algo real: el miedo persigue a Henry y al espectador como algo que está ahí, esté hecho de sombras o materialidades.
[20] Entendiendo por esto la destrucción de los sentimientos por parte de las leyes de la razón y el menoscabo de la variedad de la naturaleza, como señala Schiller (Cartas sobre la educación estética del hombre, pp. 37)
[21] “They’re still not sure it is a baby!”, afirma Mary X. Lynch D, Eraserhead.
[22] Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, pp. 37
[23] Ibíd, pp. 50
[24] Lynch, Eraserhead. Este comentario lo realiza Mr. X en la mesa, antes de pedirle a Henry que corte la comida.
[25] Técnicamente, no es la primera. Henry ya había observado el teatro en el radiador como espacio posible anteriormente. Pero esta es la primera vez que hace uso del mismo.
[26] Pavlovsky, E., Proceso Creador, pp. 15-16
[27] Lynch, Eraserhead. El tema In Heaven, que es cantado por Laura Near (Lady in the Radiator), fue compuesto Peter Ivers.
[28] Nora Andrade, Estudio preliminar de Las Bacantes, pp. 23
[29] Marcuse H, Conferencias, pp.39, 104. Básicamente, el pensador señala como característico de la sociedad opulenta o unidimensional el ser una sociedad capitalista con concentración del poder económico y político elevada, con un sistema de producción automatizado, monopolización de los medios de comunicación masiva y un sistema social esclavizante en el cual las necesidades materiales y culturales de la población son satisfechas, pero de acuerdo a las exigencias e intereses del sistema que inocula en los individuos los requerimientos del aparato social establecido (valores, necesidades, satisfacciones), generando así una pseudo-democracia enajenante e inmovilizadora.
[30] Deleuze G, Lógica del Sentido, pp.263


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